Opinión
21 de marzo
Por Rulo Bregagnolo (*)
"Son cuatro las armonías biológicas", dijo el Dr. Juan C. De la Horra, así como la bondad es la armonía del sentimiento, la belleza es la armonía de la forma, la sagacidad es la armonía del intelecto, la salud es la armonía de la función, y para que haya buena salud esencialmente debe haber agua apta para consumo, de no ser así, se verán seriamente comprometidas las funciones biológicas.
Los gases de efecto invernadero están provocando el calentamiento global, pero existe algo poderosamente mayor y muy difícil de medir: el modo de pensar y actuar, así como los valores culturales en muchas sociedades del mundo. Estos valores culturales son la raíz de un gran árbol cuyo fuste representa el consumismo y la sobreproducción, cuyas ramas son altas emisiones de gases de invernadero, principalmente en países industrializados. Otras ramas son la degradación del suelo, de la biodiversidad, del agua. Para atacar el problema de raíz, si se quiere pensar a largo plazo, deben haber cambios de actitud, modos de vivir, es la única alternativa.
Dentro de la Biodiversidad, asombrosa variación de las innumerables formas y modos de vida que pueblan este planeta y donde todos y cada uno de los seres vivos depende de la existencia de los otros, el común denominador de esta verdadera trama viviente es el agua.
Esta, que desciende desde las montañas, las nubes, la tierra, los ríos y arroyos, se brinda generosa, a todos los seres vivos, es preciosa y universal, pero también es escasa. Ya planteaba hace unos años el oceanógrafo Jacques Cousteau, que la escasez del líquido vital podría ser motivo de la tercer guerra mundial. Cuando los astrónomos comenzaron a orientar sus telescopios hacia los planetas, lo primero que se preguntaron y trataron de averiguar es si había en ellos agua y oxígeno.
Sobre una superficie de 510 millones de km2 que tiene nuestro planeta, los océanos ocupan más de 360 millones, las dos terceras partes del área total. La tierra firme, abarca unos 150 millones de km2 y está cubierta en su quinta parte por (hielo y nieve), matizada con extensos lagos, lagunas y surcada por muchos ríos. El cielo está cubierto de nubes, compuestas de vapor de agua, que cada tanto desencadenan en lluvias. Por otro lado, enormes napas de agua recorren el subsuelo, de allí se extrae por medio de bombas y molinos para uso doméstico y para el riego de cultivos; también están los manantiales y vertientes, así como las fuentes termales, cálidas y mineralizadas, con reconocidas propiedades terapéuticas.
El conjunto de las aguas de nuestro planeta constituye lo que se llama hidrósfera. El 97,8% está contenida en los océanos, el 1,2% se compone de hielo, el 0,2% de agua de ríos y lagos y el agua contenida en la atmósfera el 0,8%. En la Tierra no hay otra sustancia que se encuentre tan pródigamente difundida como el agua.
Pero ésta no es una simple sustancia mineral, compuesta de dos átomos de oxígeno y uno de hidrógeno por cada molécula (H2O). Su importancia trasciende lo puramente mineral para incorporarse a lo biológico. A tal punto que todos los seres vivos están formados de agua en su mayor parte. Constituye el 70% del cuerpo humano, el 80% de una papa y el 95% de un tomate. Los músculos tienen un 74% y el cerebro está constituido en un 85% por agua.
El volumen total de agua del planeta se mantiene constante. De un volumen de 1.370 millones de km3, cada año se evaporan de los océanos 505.000km3, de éstos, 385.000 se precipitan en los mismos océanos y 120.000 sobre los continentes, pero como 72.000 se conservan como humedad de la atmósfera, el suelo y la vegetación, solo 48.000 km3 son utilizables para satisfacer los múltiples requerimientos domésticos, agrícolas e industriales, cantidad suficiente para cubrir los requerimientos humanos.
Del informe bienal Recursos Mundiales 98/99, editado por el Instituto de Recursos Mundiales, en una sección especial del Informe titulado Cambios Ambientales y Salud Humana, los autores indican que 1 de cada 5 niños de las regiones más pobres del mundo no llegará a cumplir los 5 años, debido en gran parte a enfermedades relacionadas con el ambiente. Esto, que alarma, significa que en todo el planeta mueren 11.000.000 de niños cada año, cantidad equivalente a Suiza y Noruega. Las causas principales son la malaria o paludismo, provocando la muerte de 1 a 3 millones de personas al año, principalmente niños, las infecciones respiratorias agudas y la diarrea. Otros 3 millones de niños mueren al año de enfermedades diarreicas ocasionadas por falta de agua potable y saneamiento. El cólera, que hace tiempo había sido erradicado de América Latina, volvió a aparecer en 1997, causando la muerte de 11.000 personas y pérdidas económicas. En Perú, éstas se elevaron a 200 millones de dólares. Todos estos inconvenientes están relacionados con el mal manejo del agua.
Las modalidades de uso del ambiente en general, son las que definen las características de las aguas de éste. Como ejemplo, la deforestación de selva y su reemplazo por moncultivos forestales o por agricultura, conlleva un incremento de los procesos erosivos y así el arrastre de sedimentos y contaminantes asociados a las tareas agrícolas. Este proceso tiene una aceleración diaria provocando condiciones físco químicas de difícil previsión toda vez que los marcos regulatorios de las actividades relacionadas al aprovechamiento de los recursos naturales son insuficientes o muy elásticos, lo que permite hasta el uso de productos altamente peligrosos y fuera de la ley en procura de obtener beneficios a corto plazo.
Además, existe mucha deficiencia en cuanto al tratamiento de efluentes cloacales e industriales de las poblaciones, principalmente en los lugares donde hay cursos de agua, lo que implica contaminación de napas en la utilización de pozos absorbentes (en el que también van a parar los desperdicios químicos de los hogares), de arroyos y ríos en el caso de efluentes industriales y cloacales –caso papeleras- que son vertidos en afluentes de los cauces principales.
Las investigaciones señalaron que 2000 millones de personas de todo el mundo carecen de agua potable en cantidad suficiente, problema que se acentúa aún más en las zonas rurales, donde casi el 70% de la población padece de la escasez de agua y el 87% no cuenta con servicios higiénicos, sumándose a esto el deterioro de las aguas provocado por los grandes embalses en una gran cantidad de ríos del mundo. La OMS calculó que el 80% de las enfermedades que afectan a la población terrestre se relacionan directamente con el agua; por ej. 400 millones de personas sufren de gastroenteritis, 200 millones de esquistozomiasis (o mal de las represas) y 30 millones de oncogenosis, enfermedades en cuya transmisión interviene el agua. Se indicó que si todas las familias pudieran disponer de agua potable, el índice mundial de mortalidad infantil se reduciría a la mitad.
En los últimos 35 años, la presencia de biocidas, metales pesados y otras sustancias tóxicas, producto de la industrialización no planificada, en aguas y sedimentos de distintos cursos de agua en todo el mundo, se ha convertido en una constante. De todos los contaminantes que se pueden hallar en los ambientes acuáticos, éstos son los que presentan mayor peligro potencial para la naturaleza, por ende para el hombre. Los metales tóxicos que hay que evitar verter a los cursos de agua son: aluminio, cromo, mercurio, níquel, plomo, zinc, cadmio, cobre y boro, cuyos efectos en el cuerpo humano van desde trastornos renales, de vista, olfato, oído, gusto, daños a los tejidos cerebrales y en dosis elevadas hasta la muerte. Muchos de estos metales se encuentran en las pilas domésticas, por ello se debe tener sumo cuidado en la disposición final de las mismas una vez que dejan de ser utilizadas, más cuando se sabe que una micropila de mercurio contamina 600.000 lts. de agua y una pila alcalina común contamina 175.000 lts. de agua, más de lo que bebe una persona a lo largo de toda su vida.
Otros datos "domésticos" a tener en cuenta para preservar las fuentes de agua dulce y que están a nuestro alcance son por ejemplo: que se pueden desperdiciar más de 190lts de agua por día, si se deja gotear una canilla mínimamente, que 3lts de solvente pueden contaminar 60 millones de litros de agua subterránea y 3,8lts de nafta pueden contaminar 2850lts de agua potable, así como 1lt de aceite de auto puede contaminar más de 950.000lts de agua potable, pudiéndose evitar esto no lavando los automotores en los arroyos. Si se deja la canilla abierta mientras se lava los dientes, se gastarán cerca de 20lts de agua, y si se la deja abierta mientras se afeita, desperdiciará entre 40 y 60lts. Si una familia de cuatro personas tomara todos los días duchas de cinco minutos, gastaría más de 2600lts de agua por semana, el equivalente al agua que bebe una persona a lo largo de tres años, y la actitud más solidaria sería usar la escoba en vez de la manguera para lavar las veredas, ahorrándose de esta manera cientos litros de agua.
Cada gota de agua que se malgasta es una gota menos de un río que corre libre, una gota menos en el recorrido de un dorado, una gota menos para calmar la sed de un ave, para germinar el grano de alimento, para limpiar la ceguera contaminante y destructiva del mal entendido progreso...
(*) Integrante del Grupo Ecologista Cuña Pirú
Ong miembro de la Federación Amigos de la Tierra Argentina
Miembro de la Coalición Ríos Vivos