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Es cura, abusó de menores y está libre

Sociedad

Publicado 18 de septiembre de 2012

Por lo menos 50 niños de entre 12 y 14 años fueron violados entre 1984 y 1992 por el sacerdote Julio José Ilarraz en el Seminario Menor de Paraná, Entre Rios. Así lo develo esta semana el semanrio Análisis, donde también se informó que la primera denuncia se realizó hace 20 años y que la Iglesia inició un Juicio Diocesano en el 93, pero el cura está radicado actualmente en la provincia de Tucumán

Cura Justo José Ilarraz, acusado de violación de menores.

Daniel Enz, director revista Análisis.

Para el abogado de Ilarraz, "esto es injusto"

El caso Ilarraz

(Revista Análsis). El Arzobispado de Paraná nunca denunció ante la Justicia el abuso cometido por un cura del Seminario Menor. Por lo menos 50 chicos de entre 12 y 14 años, quienes recién empezaban su carrera religiosa, fueron violados entre 1984 y 1992 por el entonces prefecto Justo José Ilarraz, oriundo de la capital entrerriana, según se reveló a ANÁLISIS.

En el ’93 se inició un Juicio Diocesano, donde declararon innumerables jóvenes, que reconocieron las perversidades que les hacía el sacerdote cuando eran apenas niños, pero optaron por ocultarlo. En esto último tuvieron responsabilidades el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic, al igual que el actual titular, Juan Alberto Puíggari, quien fuera prefecto del Seminario Mayor del establecimiento en esos años. Como castigo, el cura pedófilo fue enviado al Vaticano durante un año. En los últimos tiempos, un grupo de curas, al igual que víctimas y ex seminaristas le reclamaron la expulsión de la Iglesia de Ilarraz -quien cumple funciones en una Parroquia de Monteros (Tucumán)- y la denuncia judicial, pero jamás hubo respuestas.

Casi niños

Ninguno tenía más de 12, 13 o 14 años. Eran casi niños. Con cada uno de ellos hizo lo mismo entre 1984 y 1992. Los acariciaba, los bañaba, los besaba en la boca, los masturbaba, los penetraba. Los descubría sexualmente y los condicionaba. Eso que sucedía entre las cuatro paredes de su habitación privada del Seminario o en el baño, no se tenía que enterar nadie. Si alguien traicionaba ese pacto perverso de confidencialidad la iba a pasar mal. Iba a empezar la hora de las represalias y se acababan los privilegios: los caramelos, los chocolatines, la buena comida, la tv o las películas en video que por las noches podían ver en esa habitación, sin pasar frío ni angustias por el cariño interminable del prefecto religioso. “Ustedes deben saber que ahora, nuestra amistad es más grande. A mayor confianza, mayor es el amor y la amistad”, repetía el cura abusador todas las noches.

Por cada año, casi siempre los elegidos eran cerca de 10. Los cálculos más acotados indican que por lo menos unos 50 chicos fueron abusados en esa década; las estadísticas mayores hablan de cerca de 80. Casi todos los jóvenes eran de la zona de Paraná Campaña, provenientes de familias de campesinos, donde la vocación religiosa suele ser más fuerte. “Siempre existió una relación muy particular entre las familias de la gente de campo de toda esta región con el Seminario de Paraná. Ellos colaboran mucho con la Iglesia y cuando traen a sus hijos, apenas saliendo de la niñez, saben que los dejan en manos de Dios y que de allí saldrán religiosos hechos y derechos, de los que siempre se sentirán orgullosos”, indicó a ANÁLISIS uno de los religiosos.

Lo que nunca midieron fue que allí dentro, en medio de tanta gente con deseos de hacer cosas buenas por la Iglesia y la sociedad, existía un depravado y con cierto poder en ese ámbito.

El Seminario de Paraná siempre se dividió en dos secciones: el Seminario Menor y el Seminario Mayor. En el primero de ellos se encuentran ubicados los chicos de entre 12/13 y 14 años. A partir de los 15, ya pasan al Mayor. En 1989, los más chicos estaban a cargo del prefecto Justo José Ilarraz, nacido en Paraná en julio de 1952 y domiciliado al comienzo de calle 25 de Junio. Ilarraz fue ordenado como sacerdote el 8 de diciembre de 1983, después de educarse en el Seminario, en tiempos en que el conductor era Alberto Ezcurra, fundador del Grupo Tacuara, seguidor desde joven del cura fascista Julio Meinvielle, del furioso anticomunista Jordán Bruno Genta y quienes también tenían como referente ideológico al fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. Ezcurra era el jefe máximo del Seminario y un mimado del entonces arzobispo de Paraná y vicario castrense, monseñor Adolfo Servando Tortolo.

Ilarraz era el prefecto del Seminario Menor, mientras que el cura Juan Alberto Puiggari -actual arzobispo de la capital entrerriana- se desempeñaba como el prefecto del Seminario Mayor. El rector era el sacerdote Luis Alberto Jacob, designado por el entonces arzobispo coadjutor y administrador apostólico de Paraná, Estanislao Esteban Karlic. El prelado que venía de Córdoba y que llegara para reemplazar a Tortolo -ante el avance de su enfermedad- fue nombrado el 19 de enero de 1983. Tras la muerte de Tortolo, en abril del ’86, asumió como arzobispo.

Los niños se encontraban en el pabellón del Seminario, ubicado en el final del predio, en el ala derecha. Eran 100 camas, solamente separadas por una mesita de luz. Al fondo estaba el baño y las duchas. El cura Ilarraz estaba siempre cerca. Tenía una habitación pegada a la capilla, casi lindante con el pabellón, que a su vez estaba contigua a la del rector Jacob.